
El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice:
Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia...
Espera, lo interrumpe el filósofo. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
Las tres rejas?, preguntó su discípulo.
Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
No. Lo oí comentar a unos vecinos.
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Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
No, en realidad no. Al contrario...
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Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
No, en realidad no. Al contrario...
Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
A decir verdad, no.
Entonces... -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
La proxima ves que te vaya a decir algo lo voy a pasar por las tres rejas. :)
ResponderEliminarJajaja... si eso es bueno.
ResponderEliminarNavegando por el laberinto encontre este versículo y recorde esta entrada de tu blog asi que aprovecho para comentar:
ResponderEliminarEsto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira...
Santiago 1:19
Tambien lo lei en un ediciòn de "Almanque Escuela para Todos". Excelente lecciòn para personas como yo que siempre digo las cosas sin pensar, pero para que, asi soy, al fin y el cabo, ser unico es ser valioso, jejejeje
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